lunes, 28 de enero de 2008

El Mate

Por José Ramón Farias
negro@arnet.com.ar

Entre los muchos signos distintivos de los argentinos, paraguayos, uruguayos y algunos brasileños sobresale la costumbre de tomar mate. Nadie imagina a los habitantes de los países mencionados que no consuman esta bebida en forma de té o simplemente chupando la infusión de un calabacín con yerba mate molida, a través de una bombilla. Es compañero de estudiantes en sus vigilias preparando materias, acompañó a nuestros gauchos en los dilatados campos de la pampa, fue fiel amigo de los reseros, dio calor a los montañeses en las interminables noches, los guaraníes lo usaron para amenguar el cansancio y hasta sus hechiceros lo incorporaron en sus rituales, lo cierto es que él está íntimamente ligado a la vida de sus consumidores.

“Me duele la cabeza porque no tomé mate” le escuché decir a más de un gringo cuando venían de sus chacras a diligenciar al poblado y debían quedarse durante todo el día. Muchas criollas aconsejaban a sus hijas, madres primerizas, tomar mate cosido “para tener leche” con qué alimentar a sus bebés. Daniel Granada en su Vocabulario rioplatense razonado confirma el saber popular cuando describe la costumbre de los gauchos y chinas, quienes al amanecer tomaban mate amargo (cimarrón) acompañado con un poco de carne (charque) si había, para comenzar sus rudas tareas y no volver a ingerir alimento hasta el almuerzo. El cronista español Ruiz de Montoya anotó que en la provincia del Guayrá los guaraníes ponderaban la excelencia de la hierba: Alienta el trabajo, sirve de sustento, purga las flemas del estómago, despierta los sentidos y que los españoles la usaban para curar el mal de orina. Se atribuye a Hernando Arias de Saavedra haber descubierto la yerba mate en 1592. Tomado conocimiento de las propiedades, los Jesuitas edificaron su imperio convirtiéndola en el “oro verde”, porque se dedicaron al cultivo intensivo, utilizando la mano de obra gratuita de los aborígenes.

Tanta bondad asignada por sus seguidores tiene como corresponde la respectiva leyenda. Recordemos que los pueblos antiguos (americanos y europeos) apelaban al recurso de la fabulación para explicarse el origen de las cosas. Personalmente conozco dos leyendas “creíbles” (hay fabulaciones más emparentadas con el romanticismo que con el pensamiento mágico de los pueblos primitivos) que brevemente les relataré. Una corresponde a la etapa guaraní anterior a la llegada del conquistador y la última ya vestida con el ropaje colocado por los jesuitas.

Yasí (la luna) quiso recorrer la tierra, entonces tomó forma humana y junto a la nube Araí caminaron por los montes admirando los paisajes. Era el mediodía, el ruido del bosque no les permitió escuchar los pasos sigilosos del yaguareté que las acorraló presto a comerlas. Apareció entonces un guerrero guaraní que mató de un flechazo al animal. Yasí agradecida, se acercó al bravo hombre y le dijo que como premio por salvarle la vida, encontraría al levantarse al día siguiente frente a su choza una nueva planta, la que debía arrancarle hojas, tostarlas, colocarles en un recipiente para luego agregar agua caliente y chupar con una cañita el líquido. De ese modo obtendría alivio a su cansancio, durante las largas jornadas de marcha tras una presa. Así lo hizo el hombre dando nacimiento a la Yerba Mate.

Cierto día, Dios quiso probar el comportamiento de sus ciervos, entonces descendió a la tierra acompañado de San Juan y San Pedro. Se internó en lejanos bosques llegando hasta el rancho de un viejito que lo habitaba acompañado de su hija, una joven virgen de singular belleza. La tenía escondida, para que su alma argentina no se contamine con la maldad de los hombres. Los recién llegados piden asilo al viejo que no duda en hacerlo compartiendo con ellos su mísera comida. En agradecimiento Dios convierte a la joven en la planta de Yerba Mate, que aunque la corten, vuelve a rebrotar, permaneciendo siempre verde y ofrece una bebida generosa para la salud.

Alrededor del mate, nuestro hombre de campo antiguo que solamente podía hablar y tener contacto directo con su enamorada luego del casamiento, se elaboró un lenguaje simbólico. En las visitas la china apelaba al mate para trasmitir su pensamiento al aspirante a su corazón. Era imposible hablar a solas, entonces el mensaje venía en la cebadura. Algunos de los más comunes:

Lenguaje del mate
Mate amargo: indiferencia, no esperes nada, se acabaron las ilusiones.
Mate dulce: amistad.
Mate muy dulce: hablá con mis padres.
Mate con canela: me estás interesando.
Mate con café: estuve enojada pero te perdono.
Mate con leche: amistad respetuosa, estima.
Mate con melaza: me preocupa verte triste.
Mate con miel: casamiento.
Mate con cedrón: acepto.
Mate con limón: prefiero no verte.
Mate con té: indiferencia.
Mate con azúcar quemada: simpatía, estoy pensando en vos.
Mate con cáscara de naranja: vení a buscarme, quiero que vuelvas.
Mate con ombú: tu visita es indeseable.
Mate con toronjil: disgusto.
Mate muy caliente: yo también estoy ardiendo de amor.
Mate frío: desprecio.
Mate hirviendo: odio.
Mate tapado: buscate otra.
Mate espumoso: te amo demasiado.
Mate lavado: andate a tomar a otro lugar.
Mate largo: visita poco grata.
Mate corto: quiero verte más seguido.
Mate encimado: mala gana.

Encontramos en las leyendas americanas un grado alto de ingenuidad en cuanto a la construcción de la historia, pero se lee siempre entre líneas una enseñanza destinada a afianzar los valores esenciales de las comunidades.

Fuente:
http://www.guiadelchaco.com.ar/mitosyleyendas/mate.asp